Cuando mis mellizos se enferman: hospitales, miedos y preocupaciones

Cuando mis mellizos se enferman: hospitales, miedos y preocupaciones

Que los hijos se enfermen es uno de los miedos más grande de cualquier mamá. Si tienes mellizos, esos miedos se duplican. Conoce cómo Adriana lidió con las hospitalizaciones de sus hijos. 

Julieta y Sebastián nacieron antes de lo previsto, a las 34 semanas inicié trabajo de parto, esto hizo que fuera necesario programar una cesárea para ese mismo día. Debo confesar que, aunque en embarazos múltiples la probabilidad de tener un parto prematuro es más alta, yo nunca lo consideré una opción, así como tampoco tenía idea de todo lo que iba a vivir a partir de ese día.

Con el nacimiento de mis hijos cambió mi forma de ver la enfermedad, antes la sentía lejana, siempre he sido una persona muy sana, y había entendido la enfermedad como un evento que ocurría cuando tu cuerpo no funcionaba bien. Pero nunca me imaginé que viviría en carne propia la angustia de tener a mis hijos hospitalizados, luchando por su vida con fuerza y valentía, y sintiendo la impotencia de no poder hacer nada, más allá de esperar y cuidar. Esta es nuestra historia.

Los primeros días después del parto, una lección de fuerza con mis mellizos.

Al nacer mis hijos presentaron síntomas de dificultad respiratoria, así que debieron ser trasladados a la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatos (UCIN). Mi hija Julieta nació con bajo peso para su talla, solo pesó 1750gr, y unos días después perdió peso hasta llegar a los 1570gr, estuvo en incubadora todo el tiempo y necesitó oxígeno para poder respirar sin dificultad. Juli respondió muy bien a los tratamientos y procedimientos que le hicieron desde el día uno. Desde pequeña nos ha mostrado su tranquilidad y su fuerza para crecer sanamente.

Con Sebastián el proceso fue un poco más retador, los primeros días también estuvo en incubadora, y presentó problemas respiratorios mucho más complejos que los de Julieta, requirió soluciones de oxígeno mucho más especializadas y durante los primeros 4 días luchó por su vida. No es fácil recibir estos diagnósticos, no poderlo tocar, ni abrazar, verlo luchar, viviendo más allá de los diagnósticos médicos.

En esa situación entendí que, si él estaba luchando, yo también lo haría, y que mi trabajo en ese momento era mantener la calma y confiar en que todo estaba bien y que todo iba a salir bien. Me aferré a la vida de la misma manera que él lo hacía, elevaba mis oraciones al cielo dando gracias por su existencia y confiaba en el día en que saldríamos de la clínica y estaríamos en casa celebrando la vida.

El valor de estar sanos

Así fue, luego de 16 días salimos de la UCIN, mis hijos requerirían oxigeno por un tiempo más. Julieta lo necesito hasta los dos meses de edad y Sebastian hasta los 5 meses. Durante este tiempo estuvimos en chequeos médicos con todos los especialistas, en donde nos enfrentamos a exámenes médicos especializados para descartar que no tuvieran ninguna complicación por haber nacido prematuros y por requerir oxígeno tanto tiempo, principalmente Sebastián. Muchas veces sentí miedo de esperar y recibir un resultado, sentía angustia de ver que pasaba el tiempo y mis hijos seguían con oxígeno. Durante este tiempo, conocí la vulnerabilidad de la vida y el valor de estar sanos.

Afortunadamente todo salió bien, solo necesitábamos que mis hijos crecieran para que su sistema respiratorio madurara, así que por unos largos meses no eran permitidos las visitas ni el contacto con personas diferentes a nuestro círculo más cercano, evitando que se contagiaran de algún virus respiratorio, ya que por su historia clínica podría ser muy complicado.

 

¡Otra vez! Una nueva hospitalización de mis mellizos

Cuando cumplieron 10 meses, Julieta presentó su primer resfriado, nada grave, pero era la primera vez que mis hijos se enfermaban, sentí mucho miedo, y como padres primerizos no teníamos ninguna experiencia, además del temor de que enfermaran de gravedad siempre estaba presente. Una semana después ya estaba bien, pero Sebastián empezó con moquitos, al parecer lo mismo que Julieta, así que debimos acudir a urgencias porque escuchábamos un silbido en el pecho de él.

Lo hospitalizaron porque presentó dificultad respiratoria, su diagnóstico una influenza A, por lo que requirió oxígeno durante su recuperación, 5 días después cuando estábamos a punto de salir empezó a decaer, a requerir cada vez más oxígeno y a presentar fiebres muy altas, un nuevo resultado nos complicó la vida, a su diagnóstico se sumaba el virus sinsitial respiratorio. 

¿Cómo manejar la hospitalización de tu hijo, cuando su hermano mellizo está en casa?

Tener a Sebastián hospitalizado con Julieta en casa fue muy difícil, además de la angustia por la que estábamos pasando, teníamos que velar por el bienestar de Julieta, en ese momento yo estaba en una licencia de trabajo no remunerada, estaba dedicada 100% a mis hijos mientras mi esposo trabajaba.

Así que decidimos que yo estaría en la clínica todo el tiempo, Julieta estaría en casa con el cuidado de los abuelitos y de mi esposo cuando él regresará de trabajar. Pero todo se complicó, me contagié del virus de Sebastián, también estuve en cama por dos días con fiebre muy alta, totalmente descompensada, no me podía parar, así que tuve que encerrarme en mi habitación, mi esposo debió ir a la clínica con Sebastián. Que retador fueron esos días, cuánta ayuda necesitamos por parte de los abuelos y tíos. 

Todo podía complicarse aún más

Dos días después, cuando ya estaba mejor y me pude levantar volví a la clínica con Sebastián. Mi hijo no respondía a los tratamientos, todo se empezó a complicar más hasta presentar una neumonía, así que debió ser trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) pediátrica. Esos días sentí mucho miedo, nuevamente mi hijo estaba luchando por su vida, pero una vez más nos daba una lección de fuerza y valentía, luchó por estar mejor y 15 días después salió de la clínica sin oxígeno y bastante estable.

Fueron días muy difíciles en donde Julieta no recibió mucha atención de mi parte, además que me daba miedo contagiarla. La ayuda de los abuelitos fue fundamental para que ella recibiera el amor y el cuidado que yo no podía darle en ese momento. Por otra parte, dejar todas las noches a Sebastián en la UCI era muy doloroso, fue muy duro separarme de mis hijos durante esos días y lo que me mantuvo en pie fue mi fe.

Descubre también la experiencia de Adriana sobre cómo conectar con los mellizos.

La felicidad de volver a casa

Regresamos a casa con muchos cuidados y con la gratitud infinita de sentirnos vivos y sanos. Los exámenes posteriores de Sebastián salieron muy bien, era como si nunca hubiese tenido nada, y hoy, 3 años después, hemos pasado por muchas gripas y resfriados, pero afortunadamente su cuerpo ha respondido muy bien, hoy podemos decir que es un niño sano y feliz.

Si algo me enseñaron mis hijos es a tener fe, a luchar por la vida con determinación, a tener paciencia y confiar en el proceso, a cuidar con amor.

Adriana Wilches 

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