La magia de usar las manos en la alimentación: motricidad fina y gruesa

La magia de usar las manos en la alimentación: motricidad fina y gruesa

Los logros en la motricidad fina y gruesa de tu bebé también están relacionados con su proceso de alimentación. Conoce cómo se vinculan y la importancia que tienen para su desarrollo.

A tu hijo le encanta coger los alimentos con las manos, jugar con ellos, untarse y descubrirlos a medida que explora sus texturas. Esto está estrechamente relacionado con procesos de su desarrollo como la motricidad fina y gruesa.

La alimentación en tu bebé es un proceso completo en el que se involucran muchos aspectos; los cuales van desde la aproximación sensorial, y el papel que juegan los sentidos para la aceptación de la comida, hasta la capacidad de hacer movimientos que le permitan interactuar de forma segura con los alimentos.

 

¡Los grandes hitos en el desarrollo psicomotor de tu bebé, también son grandes logros en su proceso de alimentación!

Empecemos por definir algunos conceptos que nos pueden ayudar a ejemplificar mejor el tema:

  • Motricidad gruesa: es la capacidad que tenemos de usar los grandes grupos musculares para realizar movimientos grandes en donde se involucren las extremidades superiores, inferiores, movimientos de la cabeza o sostén del tronco. Gracias a la motricidad gruesa tu hijo es capaz de sostener la cabeza, gatear, pararse y desplazarse.

 

  • Motricidad fina: es la capacidad de hacer movimientos que incluyan los grupos musculares menores; es decir, todos aquellos que involucren la muñeca, las manos y los dedos. Gracias a la motricidad fina tu hijo será capaz de usar los cubiertos, escribir, peinarse, etc.

 

Aunque a primera vista son muy diferentes entre ellos, la verdad es que ambos están muy relacionados. Sin motricidad gruesa es difícil desarrollar la motricidad fina. Y lo más importante, ambos son necesarios para iniciar el proceso de alimentación con tu bebé.

En tal sentido, entre los 6 y 12 meses notarás los siguientes logros en tu bebé:

Motricidad gruesa:

  • Ya debe ser capaz de sostener el cuello y la cabeza
  • Debe ser capaz de sostener el tronco, es decir, tu bebé debe poder mantenerse sentado.
  • Entre los 9 y 10 meses verás que es capaz de arrastrarse y gatear.
  • Llegando a los 12 meses podrá sostenerse en pie con o sin apoyo; y en algunos casos, puede que empiecen a dar sus primeros pasos.

Motricidad fina:

  • Alcanzar o agarrar un objeto.
  • Transferir objetos de una mano a la otra.
  • La pinza (agarrar con el dedo pulgar y el dedo índice) se desarrolla entre los 11 y 12 meses.

Cada uno de estos logros te permitirá avanzar en el proceso alimentario con tu bebé. Tu hijo debe ser capaz de sostener la cabeza y la capacidad de mantener el tronco erguido para poderse sentar. Asimismo, debe tener desarrollada la coordinación mano y boca, para ser capaz de llevarse los alimentos de la mano a la boca. Primero, lo hará cogiendo los alimentos con un movimiento tosco de la mano, luego con un puño un poco más fino, hasta que logre la pinza.

La alimentación: un gran estímulo para la motricidad fina y gruesa de tu bebé

Las manos son el primer vehículo de aproximación sensorial de tu hijo, él necesita tocar los alimentos, antes de pensar introducirlos en su boca. En tal sentido, brindarle alimentos que pueda coger será un gran estímulo psicomotor, y, además, contribuyes al agarre, así como otros procesos de su desarrollo.

También hay otras recomendaciones que puedes tomar en cuenta para apoyar el desarrollo psicomotor de tu hijo desde la alimentación y viceversa:

  • Proporciona a tu hijo alimentos que él pueda coger con su puño; hazlo con cortes en forma de dedo o palito que sobresalga por arriba y por debajo de su mano. Recuerda que es importante que tu bebé siempre esté acompañado durante sus momentos de alimentación para vigilar que no haya riesgo de atoramiento por alimentos.
  • Incorpora los cubiertos desde el primer momento. Aunque al principio él no pueda usarlos, poco a poco, irá aprendiendo que están allí por una razón y, más adelante, por imitación al ver a sus padres y cuidadores, intentará cogerlos y aprender a usarlos.
  • Utiliza una silla de comer donde tu bebé pueda tener apoyo de brazos para darle estabilidad, la espalda se mantenga recta y las piernas estén en un ángulo de 90°, idealmente apoyando los pies. Esto le da seguridad y estabilidad, lo que contribuye positivamente a su desarrollo psicomotor.
  • Permite que el niño se ensucie, se unte, juegue y explore los alimentos para que conozca como se sienten alrededor de la boca y los conozca desde afuera hacia adentro.
  • Procura exponer a tu bebé a diferentes texturas en los alimentos en espacios diferentes al momento de la alimentación, por ejemplo durante sus rutinas de juego; esto ayudará a su proceso neurosensorial y aceptación de los alimentos. También funciona en el sentido contrario, exponer a tu hijo a diferentes texturas en los alimentos ayudará a que tenga mayor disposición ante texturas cómo el pasto, la arena, etc.

Recuerda, la alimentación debe ser un proceso divertido, especialmente en estos primeros meses. Así que deja que tu niño se divierta mientras explora los alimentos, y al mismo tiempo, alcanza importantes logros en su desarrollo.

 

Dra. Ailim Carías

Gastroenterólogo Pediatra

 

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