¿Y el beso mágico de mamá? Experiencia siendo mamá trabajadora y los hijos enferman

¿Y el beso mágico de mamá? Experiencia siendo mamá trabajadora y los hijos enferman

Trabajar y cuidar a tus dos pequeños es una labor admirable, y esto se duplica si alguno de ellos se enferma. Conoce la experiencia de Carolina y cómo lidió con esta situación.

Trabajar y cuidar a tus dos pequeños es una labor admirable, y esto se duplica si alguno de ellos se enferma. Conoce la experiencia de Carolina y cómo lidió con esta situación.

 

Como si fuera el remedio casero más efectivo del mundo, y que ha pasado de generación en generación, los besos de mamá siempre han sido y serán mágicos. Siempre son ese remedio instantáneo para curar todo en nuestros hijos, pero ¿qué pasa cuando mamá no está al lado justo en ese momento? 

¡Otra vez la culpa de no estar cerca a tu hijo!

Muchas mamás pasamos por ese duro momento en el que nos sentimos egoístas y hasta malas madres por querer retomar nuestros sueños como mujeres, incluso por desear volver a tener vida social. Como si fuera poco, esta culpa va acompañada por ese miedo infinito de no poder teletransportarnos para darle a nuestros hijos ese beso mágico que les cura los cólicos, la fiebre y hasta más. Esta culpa se crece con comentarios como: “nadie va a poder cuidar tus hijos como tú, ellos te necesitan es a ti, por eso no puedes trabajar” ¿Se sienten identificadas?

El dilema del jardín

Con mi esposo y nuestra pediatra discutimos mucho este tema. Por un lado, sentíamos que nuestro hijo necesitaba socializar y ayuda para empezar a hablar, pero por otro lado nos daba miedo ingresar a nuestro hijo con su hermanita recién nacida. Todos coincidían en que era inevitable que no se enfermaran al entrar, así que decidimos aplazar 6 meses el ingreso al jardín de Lorencito pensando que nuestra hija menor iba a tener más defensas y que íbamos a salir invictos, pero muy ilusos nosotros por pensar que eso era posible.

No habían pasado ni dos meses cuando nuestros hijos se empezaron a enfermar. Parecían Pokémon coleccionando virus. Tuvimos 4 hospitalizaciones en menos de seis meses, cuando uno salía entraba el otro.

Las alarmas de mamá

Recuerdo perfectamente cómo empezaron estas maratones de hospitalización. Yo estaba de viaje de trabajo. Llamé a mi esposo por video llamada para darle las buenas noches a nuestros hijos. Al ver a mi hijo mayor inmediatamente se me prendieron las alarmas de mamá. Le dije a mi esposo: “Lorencito tiene fiebre”. Mi esposo muy tranquilo me dijo: “no tiene nada, tú tranquila”. Aquí les digo, no hay nada más intenso que una mamá preocupada, si a una mamá se le prenden alarmas no hay ningún “tú tranquila” que valga. El instinto de mamá rara vez se equivoca. No conforme con la respuesta de mi esposo, le insistí en tomarle la temperatura, y en efecto estaba volando en fiebre.

Les mentiría si les dijera que manejé todo con mucha tranquilidad y cabeza fría. Era la primera vez que mi hijo se enfermaba y yo justo no estaba ahí para darle ese beso mágico.

Primero lo primero: la familia es prioridad

Siempre he sido una mujer muy acelerada, pero esa noche volé más que nunca. Al cabo de 2 horas ya había cambiado todas las reuniones, sacado todas las cosas urgentes y había adelantado mi vuelo para el día siguiente a primera hora. Aquí tuve la primera muestra de empatía de mis compañeros de trabajo y mi jefe. No recibí un no como respuesta. Para todos fue claro que mis hijos siempre van a ser mi prioridad, y que todo lo demás puede esperar.

Cuando las hospitalizaciones se empezaron a repetir ya no se me hizo tan fácil organizar todo yo sola. En este momento supe que la incapacidad u hospitalización de tus hijos no aplica igual a los papás. Irónico, porque al ser pequeños requieren cuidador 24/7. En ese momento, no dudé ni un segundo que debía priorizar a mis hijos, y que este era un momento de verdad para tantear nuevamente que tan inclusiva era esta empresa a la que tanto había soñado entrar (recordemos que mi proceso de selección inició estando en tercer trimestre de embarazo y que me esperaron hasta que terminé la licencia de maternidad y entregara el cargo en la otra empresa).  

¡Con los guantes puestos!

Así, con los guantes puestos, me fui decidida a hablar con mi jefe y recursos humanos, a informarles que no podría ir a trabajar a la oficina en los próximos días ya que mi hijo estaba hospitalizado. Me demoré más yo en tomar aliento para intentar pedir días de licencia no remunerada que ellos en decirme que todo podía esperar menos mis hijos. Mi jefe y compañeros de trabajo, en vez de sentirme como una carga, me rodearon y apoyaron cada segundo de las hospitalizaciones.

¿Y dónde está el papá?

Se preguntarán dónde ha estado el papá todo este tiempo. Pues les cuento que esto no ha sido tema fácil nunca. Mi esposo es médico y opera niños, y reprogramar cirugías o consultas de niños es muy difícil. Son niños que lo necesitan mucho también. Adicional a esto no podemos dejar a un lado nuestro otro hijo que quedó en casa. Fue aquí donde tuvimos que trabajar más que nunca en equipo. Debíamos ser los ojos del otro. Al igual que yo, mi esposo también canceló las consultas que no eran urgentes, e hizo mil maniobras en sus agendas para poder estar ahí con nuestro otro bebé. Al igual que yo, mientras que yo estaba trasnochando y cuidando al que estaba hospitalizado, él estaba dándole besos mágicos a nuestro otro chiquito. 

El gran secreto para los padres

Estos meses se convirtieron en noches de trasnocho, de paciencia y de resiliencia. Pasaba las noches en el hospital muchas veces sin pegar el ojo por estar pendiente de la saturación o temperatura, y al día siguiente trataba de adelantar los urgentes del trabajo cada vez que mi hijo(a) dormía un poco. Aquí la clave para lograr salir a flote fue empezar a aprender a priorizar, delegar y pedir ayuda, tanto en mi casa, como en el trabajo.

Recuerdo mucho que gracias a mi suegra pude asistir a esas reuniones o eventos en las que era clave que estuviera. Ella me relevó varios días en las madrugadas para yo poder alistarme y salir del hospital, y me esperaba hasta que yo regresaba para cambiar nuevamente mis tacones por tenis.

A mi regreso al hospital, la “tetanalgesia” era la mejor como cuna para mi hija. Los abrazos eran el mejor abrigo, y los besos mágicos se volvían el gran premio. Para mí, fue un gran alivio ver que no estaba sola, que tenía una gran red de apoyo, tanto en el trabajo como en mi familia.

La familia es lo primero

Como mamás quisiéramos tener el control de todo, pero esto me enseñó que no siempre tengo que ser la capitana. Aquí aprendí que es muy difícil lograr tus objetivos si vas navegando solo. Si quieres ser una gran mamá y profesional debes aprender a navegar en equipo y aprender a ceder el mando. Al final del día lo que importa es que tu barco siga a flote, y esto solo lo logras si tienes una familia y un equipo de trabajo consolidado y apoyándose constantemente.

Finalmente, recordemos que depende de nosotros ser agentes de cambio y actuar dando ejemplo. Dando ejemplo mostrando que la familia siempre es prioridad, y que esto es algo que no debería entrar nunca en discusión.

Carolina Pérez



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